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Diario De Un Viage A Salinas Grandes, En Los Campos Del Sud De Buenos Aires

ISBN: B00LXIL890 | ASIN: | Tamaño descarga: 4374KB


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Libro Diario De Un Viage A Salinas Grandes, En Los Campos Del Sud De Buenos Aires de Pedro Andrés García

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Sinopsis del libro

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de la ciudad de Buenos Aires by Pedro Andrés García Las pampas de la ciudad de Buenos Aires tuvieron en otros tiempos sus caravanas y romerias: no para visitar mosqueas, ni para hacer expiaciones, sino más bien para empresas rentables, que llenaban las arcas del erario y suplian las necesidades públicas. Su objeto era proveer de sal á la poblacion, extrayéndola de una enorme laguna que yace al sud, en un parage que estaba entonces en poder de los indios. Los vireyes, que dirigian estas operaciones, tenian que pedir de los caciques el permiso de introducirse en su territorio, ofreciéndoles algún regalo para apaciguarlos. Estas negociaciones, que se renovaban cada año, eran entre las labores pero desagradecidas del gobierno de Buenos Aires; cuya autoridad desconocian y ajaban esos indómitos moradores del desierto. Mas el Cabildo, que contaba entre sus recursos el producto de la venta exclusiva de la sal, se empeñaba en que no se desistiera de esta faena, à lo que condescendia el gobierno por la ocasión que le intentaba de observar à los indios y de explorar su territorio. Cuando se aproximaba la época de estos viages, que solian emprenderse al comenzar el verano, se informaba por bando el día de la salida y el punto de reunion para los que querian acompañarla. Este anuncio ponia en movimiento à la campaña, cuyos habitantes concurrian gustosos con sus carros y peones, no solo por su utilidad sino más bien para intentarse una diversion. Estas expediciones ofrecian un espectàculo impresionante, por el òrden con que un abundante convoy de carruages y ginetes desfilaba en aquellas vastas soledades, que se animaban con su presencia. La que se efectuò en mil setecientos setenta y ocho, en tiempo del virey Vertiz, constaba de seiscientos carretas, aperadas con doce con cero bueyes y dos con seiscientos caballos, y asistidas por cerca de uno con cero hombres, bajo la escolta de cuatrocientos soldados a cargo de un Maestre de Campo. Este aparato de fuerza era el mejor arbitrio para contener á los indios, naturalmente inclinados à los acometimientos y al robo: y la carencia de medios de represion expuso al autor del presente diario à grandes riesgos, de que solo pudo librarle su entereza. La perplexidad que debia inspirarle lo azaroso de su posicion, y la especie de lugar en que lo tenian los indios, no le impidieron de someter à una ágil investigacion sus costumbres salvages, y el precioso país que habitaban: de todo charla con acierto, y estos detalles amenizan la narracion y hacen sumamente interesante su lectura. Las pero pequeñas incidentes de la senda, todos y cada uno de los pormenores de sus entrevistas con los caciques, estàn contados con un noble y considerable candor. La exageracion y la patraña, que comúnmente forman el primordial caudal de un viagero, no han manchado sus páginas, que à falta de otro mérito, se recomendarian por la verdad con que estàn escritas. | Pedro Andrés García